Por Manuel Rodríguez Yagüe
La mayor parte de las revistas pulp norteamericanas de los años
treinta, mal escritas, compuestas a toda prisa y sin demasiadas exigencias en
cuanto al material que ofrecían, han envejecido mal. Hoy se han convertido en
páginas escaneadas disponibles por internet u objetos de coleccionismo para
algunos aficionados muy particulares. Son objetos de una era que se contempla
remota y solo sus maravillosas portadas, a cargo de artistas de la talla de
Frank R.Paul, Wesso o Virgil Finlay, siguen aguantando el paso del tiempo. Astounding Science Fiction fue la
excepción.
Amazing Stories, como ya
vimos, fue la primera revista pulp
especializada en ciencia ficción. Y durante algunos años, no tuvo un auténtico
rival. Ni escritores ni editores sabían muy bien cómo abordar ese nuevo género
más allá de repetir hasta la saciedad unos clichés rápidamente establecidos y
razonablemente bien aceptados por parte de unos lectores que aún no habían
conocido otra cosa. Las dos ramas en que se podían entonces clasificar los
relatos eran los fantacientíficos de gente como Edgar Rice Burroughs y Abraham
Merritt y los rigurosos —y aburridos— que seguían las pautas marcadas por Hugo
Gernsback en Amazing.



